jueves, 14 de abril de 2016

Un Agatha Christie con dedicatoria (Quinta parte)

Ustedes se preguntarán si los caminos de Víctor y Magdalena volvieron a cruzarse... Simplemente diré que no fue fácil. Escribí su historia en mi blog y pedí a mis amigos que lo difundieran por las redes sociales con la esperanza de que alguien que supiera las señas del amor de juventud de Víctor nos contactara y permitiera un reencuentro. Al principio sólo recibí comentarios felicitándome por la historia de amor, pensando que se trataba de una ficción. Volví a escribir, aclarando que Víctor era un hombre de carne y hueso, viudo que buscaba a la mujer que le había regalado el libro de Agatha Christie hace tanto tiempo atrás y de como, pese a atesorarlo entre sus posesiones más queridas terminó en un estante de mi negocio, nada pasó.
Me sentía mal, me sentía triste por el señor Víctor, quien ya empezaba a ver perdida su esperanza de alguna vez recuperar siquiera alguna noticia de Madgalena y decidí insistir. Un amigo tenía un programa de radio de popularidad media y fue a él a quien recurrí a continuación.
- No te prometo nada - me dijo cuando le puse al tanto de mi pesquisa.
- Lo sé, yo entiendo, pero no quiero rendirme aun.
Mi amigo me hizo hablar por el micrófono de la radio. Se me trabaron las palabras al principio, pero luego me solté y conté la historia de Víctor y Madgalena sin olvidar ningún detalle. Al poco rato las llamadas de los oyentes empezaron a embarullar la cabina de la radio. Entre ellas, una voz de mujer dijo casi en susurro:
- Yo soy la Magdalena que están buscando.
Una especie de sube y baja se instaló en mi estómago. ¿Era realmente ella? Después de tantos meses había empezado a perder la esperanza. El locutor del programa le pidió  a la mujer que no cortara la comunicación y la puso en privado conmigo. Le hice unas preguntas puntuales, casi no recuerdo cuales, lo que sí recuerdo es que mi corazón latía con fuerza mientras la escuchaba confirmar a cada paso que era ella.
- Volví al país después de que se fuera el dictador - me comentó - Estaba casada y con dos hijos. Mi marido murió al poco tiempo, se accidentó, Me dediqué de lleno a criar a mis hijos y ellos crecieron y formaron sus respectivas familias... A Víctor siempre lo tuve como parte de mis recuerdos, no pensé que volvería a oír de él.... ¿Él está bien?
No le dí muchos detalles, sólo lo esencial para que supiera que él la buscaba...
El reencuentro se produjo en un parque cerca de la librería. Yo fui la encargada de llevar a Magdalena hasta el lugar. Era una tarde gris de otoño, soplaba un viento leve que mecía las hojas siempre verdes de los árboles que nos rodeaban...  Los presenté, aunque el reconocimiento en los ojos de ambos hacía evidente que no era necesario... Murmuré un saludo y los dejé a solas, hubiera querido tener oídos bionicos y ojos en la espalda, pero debía respetar su privacidad. De todas maneras, ninguno dijo nada en todo ese momento en que me alejé para dejarlos a solas. Si se hablaron, lo hicieron mucho después, o quizás las palabras sobran para quienes aun pese a todo se quieren.... No sé...
Y no supe nada sino un buen tiempo después, cuando Víctor y Madgalena fueron al negocio a visitarme.
- Queremos invitarle a nuestra boda - dijo ella
Yo les sonreí bocabierta
- ¿Se van a casar? - pregunté y fui a abrazarlos.
- Si, - dijo Víctor - Los dos somos viudos y ya nuestros hijos tienen sus respectivas vidas encaminadas, asi que decidimos retomar nuestra historia... Se lo debemos a usted que hizo todo lo posible para que volvamos a encontrarnos
Le hice callar, los quería como si fueran viejos amigos y los amigos no necesitan decirse gracias... No tanto...
Se los veía muy felices, ambos habían rejuvenecido, casi parecían el Víctor y la Madgalena del pasado y sospeché que dentro de ellos eran justamente eso, dos jóvenes con el corazón enamorado. Por una vez, una novela de Agatha Christie había sido la herramienta y el hilo conductor de una historia de amor, sin muertos ni asesinatos, aunque el libro en sí tratara justamente de ello. Y así, una vez más, pude comprobar la riqueza de un libro usado... No, mejor dicho, un libro con historia, la historia de quienes leyeron sus páginas y las vivieron.
- Fin

miércoles, 3 de febrero de 2016

Un Agatha Christie con dedicatoria (cuarta parte) (Historias de la librera)

-Al día siguiente, - siguió contando el señor Víctor, mientras yo lo escuchaba con sumo interés - fui al almacén a primera hora de la mañana y esperé pacientemente a que el pan se horneara. Don Alfredo, el almacenero me miraba con suspicacia, yo pedía refresco tras refresco. A las siete en punto el pan estuvo listo pero Magdalena no apareció. Quien sí se presentó fue su tía.
- Lo sospeché - dijo al verme - Joven, no sé cuales son sus intenciones con mi sobrina, pero sepa usted que ella es aun una niña de quince años, así que le sugiero que mantenga distancia
- No tengo malas intenciones, señora - dije y estaba indignado.
- Señorita - corrigió ella pero yo no le hice caso, me caía amarga,pesada, mal, aunque debo reconocer que sólo cumplía su papel.- Mantenga sus garras lejos de ella que es una niña de bien - siguió diciendo y yo sentí que perdía toda esperanza
Ella dio media vuelta, se puso a elegir unas manzanas que estaban en el mostrador mientras saludaba al dueño de la despensa y le preguntaba por la salud de su señora. Yo estaba mudo y atornillado al piso sin saber qué hacer o decir. Me sentía humillado y a la vez entendía que la mujer sólo estaba cuidando de su sobrina. Quizás debía rendirme, estaba visto que pese a que Madgalena no me era indiferente, su edad y su familia eran obstáculos que yo no podría salvar para siquiera volver a acercarme a ella a decirle hola. Pero no me quería rendir así como así, no podía dejar de pensar en ella, su sonrisa, su mirada se habían vuelto en mi razón de ser pese a las pocas veces que la había visto y a que prácticamente no sabía nada de ella. Y justo entonces, no sé ni como, la tía de Madgalena que estudiaba las manzanas como si fuera a hacerles una autopsia levantó su mirada hacia a mí y sonrió. Bajó el tono de voz para que el despensero no la oyera, aunque el otro tuviera oídos biónicos y con una sonrisa dijo:
- No lo conozco pero la verdad es que mi sobrina no deja de sonreír como una tonta desde que lo vió en la fiesta. Me cae bien así que haremos lo siguiente, El doctor me ha dicho que debo hacer caminatas así que le pediré a ella que me acompañe por las tardes en el parque que está aquí cerca... Quizás pueda usted tropezarse con nosotras todos los días...
De más está decir que la abracé y la besé en la mejilla y ella casi pierde el equilibrio de la sorpresa. El despensero a nuestras espaldas, se reía divertido. Fue así como Magdalena y yo empezamos a vernos bajo la ferrea vigilancia de su tía que tosía si yo me acercaba mucho a ella. Tuvimos que aprovechar un desliz de la misma para darnos nuestro primer beso... Fueron los tres meses más hermosos de mi vida - que me perdone mi difunta esposa, a la que también amé, pero nada se compara con el primer amor
- ¿Tres meses? - pregunté - ¿Y qué pasó después?
- Su padre que al parecer estaba metido en política fue cordialmente invitado a abandonar el país y así que Madgalena y su tía debían marcharse con él. Fue entonces que me regaló el libro de Agatha Christie, el que vino a parar en tu negocio... Nunca más supe de ella.
- ¿Nunca la buscó?
- Si, la busqué, pero como no me dejó una dirección, no pude seguírle el rastro. Ignoro si sigue viviendo fuera del país o si alguna vez volvió.
Fue entonces cuando se me ocurrió escribir la historia de los dos y difundirla por las redes sociales. Le dije que quizás alguien pudiera ayudarnos así a encontrar a Madgalena... Pero el resultado de esa pesquisa será el tema  a tratar en una próxima entrega... Nos vemos

lunes, 4 de enero de 2016

Un Agatha Christie con dedicatoria (3era Parte) (Relatos de una librera)

Pasaron los días, la rutina del negocio se apoderó de mí y casi olvidé a Víctor y Magdalena, pero por fortuna el hombre regresó, le ofrecí un te frío y siguió contándome su historia desde el punto donde había quedado.
- Sabiendo su nombre y dónde vivía, no me costó averiguar sobre ella -comenzó diciendo Víctor - Supe que tenía quince años y que su padre no la dejaba salir con extraños. Incluso supe a qué colegio iba y la espié por un buen tiempo. Yo en ese entonces trabajaba como ordenanza de un abogado y cuando él me mandaba a hacer algún encargo, inevitablemente pasaba por su colegio y me quedaba un buen rato, especialmente si la hora de salida estaba por cumplirse. También iba a espiarla a su casa, aunque ahí me cuidaba de que su padre no me viera, me daba miedo, lo admito... Pero seguía esperando a verla
Se rió con ganas.
- Eso me valió el reproche de mi jefe y estuve a punto de perder mi trabajo porque de pronto mi centro era ella, quería volver a verla y por supuesto me olvidé de todo lo demás. Suena cursi y hasta estúpido.
Yo sonreí también.
- Al contrario, suena muy romántico.
- Resumiendo, la ví un par de veces saliendo de la escuela, pero ella no me vio. Debo decirlo, me sentía como un ladrón al acecho. Tuvieron que pasar al menos dos meses antes de que por fin me decidiera a dirigirle la palabra. Tuve la suerte de que nuestro mundo es tan pequeño que ella resultó ser la hermana de un amigo de mi primo y cuando este festejó su cumpleaños, ella también estaba invitada. La conmoción de volver a verla casi hace que no le salude cuando nos cruzamos entre la gente. Ella, hermosa, con su cabello suelto y los ojos muy verdes, me sonrió:
- Hola Víctor - dijo.
Yo me quedé de una pieza..
- Sabes mi nombre - tartamudee´
- Si, me contó un pajarito - su sonrisa era como un sol, traía en la mano un vaso vacío y ahí mis neuronas por fin empezaron a funcionar - ¿Te sirvo un poco de refresco? - pregunté, estaba tan feliz, al parecer ella también había hecho averiguaciones acerca de mí.
Ella asintió y luego de servir para ambos sendos vasos de refresco, nos sentamos en una esquina del patio donde se llevaba a cabo el cumpleaños. Nos quedamos en silencio, sonriendo, mirando a nuestro al rededor hasta que logré romper el hielo con la pregunta más tonta de todas, le pregunté si le gustaba leer
- Si - dijo ella y volvimos  a quedar en silencio.
- ¿Te gusta leer poemas de amor? - pregunté después, mi cerebro funcionaba a leña
Ella me miró extrañada y yo le recordé el libro que llevaba en la mano cuando chocamos frente al almacén. Ella se rió, su risa era como el cantar de un ave, fresca como una cascada.
- Ese libro lo estaba leyendo porque tenía que hacer una tarea para mi clase de literatura. Al decir verdad prefiero las novelas de misterio. ¿Alguna vez le leíste a Agatha Christie?
- No, ¿quien es?
- ¿ No sabes quien es Agatha Christie? - preguntó ella, casi horrorizada - Es la escritora de novelas de misterio más conocida y famosa que existe, es inglesa, era, ya murió, creo. En fin, sus historias son absolutamente alucinantes. Deberías leer sus novelas, son cortas.
- Me gustaría que tú me la leyeras. - murmuré
- Eso sería divertido - dijo ella sonriendo
Una mujer de unos cincuenta años se acercó a nosotros, tenía unos enormes anteojos como los que se usaban entonces, con forma de luna. Me recordaba a alguien, pero no sabría decir a quien. Me miró con cara de pocos amigos y luego apremió a Magdalena para retirarse de la fiesta. Ella nos presentó, era su tía Guillermina, hermana de su padre. Era a él, sin los bigotes, por supuesto, a quien me recordaba.
- Tengo que irme - dijo, sonrojándose
- ¿Te volveré a ver? - pregunté y por unos segundos no me importó la mirada acusadora de la vieja de anteojos.
Ella sacó de su vestido un papelito, y no sé de donde consiguió un bolígrafo. Escribió algo rápidamente en él y me lo dio. La tía obviamente vio todo aquello pero no hizo nada al respecto, y yo me despedí de ambas con una inclinación de cabeza. Esperanzado abrí el papelito doblado que me dío Magdalena y leí: "El pan sale siempre a las 7 de la mañana y a las 3 de la tarde"- No decía nada más y yo me quedé desconcertado, ¿qué quería decir? Pronto comprendí que se refería a la hora en que el pan recién horneado estaba listo en la despensa donde nos cruzamos. Fue su astuta manera de decirme que sí, que esperaba verme ahí.
- continuará.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Un "Agatha Christie" con dedicatoria 2 (Relatos de la librera)

- ¡Que coincidencia! - dije sonriendo
Pero él no sonreía.
- No, no entiende - dijo, cada vez más pálido.
Empecé a temer que fuera a desmayarse. Parecía haber visto a un fantasma.
- Yo soy Víctor - repitió mostrándome una vez más la dedicatoria.
Tardé unos segundos pero entonces comprendí lo que estaba tratando de decir. ¡No lo podía creer! ¡El era el "Víctor" de Magdalena! El libro que tenía en las manos alguna vez había sido suyo, Magdalena se lo había regalado hacía aproximadamente cuarenta años atrás.
Le sugerí sentarnos y él aceptó. Le serví agua, que tomó con la desesperación de un naufrago. Después empezó a hablar, el libro de Agatha descansaba en su regazo y él cada tanto lo acariciaba y volvía a leer la dedicatoria.
- Hace mucho que este libro se perdió de mi vista, creí que alguno de mis hijos o mis nietos lo habían tomado de la biblioteca, ya lo había dado por perdido. Es uno de mis libros favoritos, por dos razones, Agatha Christie es una de mis escritoras preferidas y la otra es porque Magdalena me lo regaló. Supongo que mi esposa fue quien lo trajo..
- ¿Su esposa es Magdalena?
Él se rió, negando con un gesto de la cabeza.
- No, mi esposa se llama Silvia, es decir se llamaba, enviudé hace poco menos de dos meses.
- Lo siento - dije.
- Al decir verdad, es una bendición que haya muerto. No me mal entienda, lo digo porque sufrió mucho tiempo por culpa del cáncer así que finalmente descansó. - se quedó callado por unos minutos.
Yo quería saber más, quería preguntarle qué pasó con Magdalena, y él pareció darse cuenta de mi creciente curiosidad porque empezó a hablar de ella y del libro.
- Mi esposa estaba celosa de este libro, sabía lo que representaba para mí. Verá Magdalena fue mi primer amor. Algunos se enamoran por primera vez siendo aun muy niños, otros ya mayores, yo lo hice cuando tenía 20 años.
Tomó otro sorbo del agua que aun quedaba en el vaso y su mirada pareció perderse por unos segundos en el pasado.
- Recuerdo la primera vez que la vi con tanta nitidez y colorido, como si hubiera sido hoy. Fue pura casualidad, un accidente si se quiere. Yo había ido a comprar pan en la despensa del barrio y estaba tan apurado que no miré cuando salí a la vereda..¡Ella venía totalmente distraída, con la cabeza metida en un libro! Por cierto que es por culpa de ella que empecé a leerle a Agatha Christie.
Sonrió, haciendo una breve pausa y luego siguió. Yo lo escuchaba en silencio, muy interesada.
- Estuve a punto de gritarle por qué no mira por donde camina, pero yo también había sido descuidado y de reojo vi que un libro caía al suelo. Era uno grande, de tapa dura y letras doradas que decía simplemente  "Amor", cuando se lo entregué, nuestras miradas se cruzaron y creo que me quedé unos segundos sin aire. Tenía unos hermosos ojos verdes, como los de un gato y resaltaban aun más por sus cabellos pelirrojos y el moño rojo que llevaba en la cabeza. Ella me miró asombrada, como si hubiera aterrizado de otro planeta.
- Disculpe - me dijo y su pálida piel se cubrió de rubor - Estaba muy concentrada en mi libro.
Lo caballeroso hubiera sido que yo también pidiera disculpas, pero mi lengua se negaba a funcionar. Sólo podía mirarla como hipnotizado. Ella me dio las gracias cuando le entregué el libro y sonrió.
- ¡Magdalena! - dijo alguien a nuestras espaldas - Entra a la casa
Un hombre corpulento de grandes bigotes y panza abultada la esperaba con los brazos cruzados frente al portón de una casa ubicada a pocos metros del almacén, así que de esa manera supe cómo se llamaba y dónde vivía. Saludé al hombre con un gesto tímido y él me miró como si quisiera atravesar mi cuerpo con balas, así que alcé mi paquete con el pan y me marché algo atontado. Magdalena, pensaba, el nombre perfecto para una musa.
Un hombre hizo aparición entonces en la puerta del negocio, interrumpiendo la historia de Víctor y Magdalena. Era alto, delgado y bastante apuesto. Se veía apresurado. Le estaba por preguntar qué necesitaba cuando se dirigió a Víctor.
- Papá, te estuve buscando por toda la cuadra, me tenías preocupado. Ya estaba por llamar a la policía - entonces caí en cuenta del gran parecido que Víctor y él tenían, aunque el joven fuera más alto.
Supuse que Víctor fue muy parecido a su hijo en los días de su juventud.
- Disculpa Roberto, no quería preocuparte. Te dije que iba a entrar a esta librería mientras hablabas con el doctor en la clínica - dijo y supuse que se referían a la clínica oftalmológica que queda en la misma cuadra de mi negocio - Además, tengo 60 años, todavía no soy un anciano senil.
Roberto sonrió algo incómodo y miró su reloj
- Esta bien, pero debemos irnos, tengo una reunión dentro de media hora - actos seguido salió a la calle, despidiéndose de mi con un leve gesto de la cabeza
- Bueno - dijo  Víctor y se puso de pie, apoyando el libro de Agatha sobre mi escritorio - es hora de irme...
Yo tomé el libro y se lo entregué
- El libro es suyo - dije
Él hizo ademán de buscar la billetera en sus pantalones pero yo lo detuve.
- Sólo prometa que volverá para contarme cómo sigue la historia porque me ha dejado con ganas.
Iba a protestar pero yo no le dejé, entonces sonrió y aceptó el libro.
-Está bien, gracias... Disculpa, no sé como te llamas
- Julieta - respondí
- Julieta, muy apropiado para alguien que vende libros. - en la calle se escuchó una bocina - Ese es mi hijo que está apurado. Prometo volver para contarle más de Magdalena
- Lo esperaré

(continuará)

martes, 15 de diciembre de 2015

Un "Agatha Christie" con dedicatoria 1 (Relatos de la Librera, primera entrega)

Prometí intentar ser más constante con este blog, siguiendo quizás con el Diario de la Librera, pero la librera que hay en mi de pronto también se ha puesto a fantasear, imaginando historias que quiere compartir con ustedes, esta es la primera. El punto de partida es una dedicatoria que efectivamente encontré en una novela de Agatha Christie mientras me ocupo el  inventario del negocio. Se la escribe una tal Magdalena a un tal Víctor y está datada el 21 de enero de 1971. ¡Toda una vida! Sin dudas esto es algo que jamás encontrarías en un negocio donde sólo se venden libros nuevos...
Lo que sigue a continuación es un relato que toma como punto de partida esa dedicatoria. Espero les guste...

                Un Agatha Christie con dedicatoria...
Era un día cualquiera, hacía calor, el ventilador soplaba con ímpetu pero apenas lograba descongestionar el pesado calor que en pleno setiembre ya parecía de verano. Sentada frente a la computadora del negocio, cargaba libros de Agatha Christie algo desgastados que pensaba acumular en un estante todos juntos para que la gente pudiera apreciar nuestra completa colección de esa formidable escritora inglesa, la reina de las novelas del misterio, y así fue cómo encontré en uno de ellos, específicamente en el Misterio de Sans Souci, una breve pero sentida dedicatoria, decía así:
"A Víctor con todo cariño, cuando leas esto acordate de mi y ojalá algún día podamos volver a estar juntos. Te regalo este libro y te pido que no lo pierdas, ni regales. Tu amiga que te quiere mucho Magdalena" - 21/I/71. 
Sentí un poco de pena por Magdalena, cierto que habían pasado cuarenta años desde que le regalara ese libro a Víctor, pero al parecer él no le había hecho mucho caso en eso de no perder o regalar el libro. Recuerdo que incluso le quité foto y se lo mandé a mis amigas de mi club de lectura por whatsapp, y nos pusimos a hablar mal del desconsiderado y poco romántico Víctor. Es una pena que la foto se me haya borrado al cambiar de teléfono... Esto no hubiera sido más que una anécdota destinada a olvidarse sin más, pero no fue así.
Pasaron los días, la gente entraba y salía, otros libros iban agrandando el ya largo inventario. Mi mesa rebosaba de libros para anotar y ubicar cuando un señor de unos sesenta y pico de años entró al negocio. Vestía una camisa a rayas y unos pantalones de vestir claros de corte clásico. Sus escasos cabellos eran más blancos que grises y  las arrugas empezaban a aflorar al rededor de sus ojos grises. Era delgado y no muy alto, su rostro era agradable y propenso a la sonrisa.
- Buen día, señorita, - me saludó
- Buen día,- contesté, poniéndome de pie para atenderlo - ¿En qué puedo servirle? ¿Busca algún tipo de libro en particular?
- No, simplemente me gustaría mirar los estantes, si no es molestia.
- Por supuesto que no, adelante, esta es su casa.
El hizo un gesto afirmativo con la cabeza, sonriendo, y se puso a mirar los estantes de uno en uno. Yo seguí cargando el inventario con un ojo, mientras que usaba el otro para observarlo. No es que me guste desconfiar de la gente que entra a mirar los libros, pero nunca se sabe, a veces la Ladrona de Libros se disfraza de viejo agradable... En ese instante entró una mujer algo acelerada pidiendo una dirección.
- ¿Sábe dónde queda este negocio? - dijo, mostrándome un recorte de papel donde se leía con letras grandes el nombre de una boutique de ropas.
- No, lo siento - dije, no lo sabía.
Ella me miró con cara de pocos amigos y se fue. Había personas así... El hombre seguía en el fondo del negocio, recorriendo los estantes.
- ¿Hace mucho que están por aquí? - me preguntó.
- Si, más de diez años.
Le expliqué lo que siempre le cuento a quien quiere escuchar, que este negocio es de mi madre, ella lo había instalado y armado, pero ahora se encontraba enferma y ya no podría seguir, así que yo me estaba ocupando de él. Admirando nuestra gran variedad de títulos, me preguntó entonces si teníamos novelas de Agatha Christie, y yo, con un mal escondido orgullo, le mostré nuestra vasta colección.
El hombre pasó sus dedos con devoción por esos libros y fue leyendo cada título en un murmullo bajo. Era evidente que se había encontrado con su escritora favorita. Daba gusto verlo. Sacó de entre el montón uno de los libros y lo hojeó y algo raro pasó, lo ví temblar...
- ¿Cómo llegó este libro aquí? - dijo después de un silencio eterno que estuve a punto de interrumpir preguntando si se encontraba bien
- Compramos los libros que la gente trae... - estaba a `punto de lanzar la cantinela de siempre explicando nuestro sistema cuando él me interrumpió.
- Me refiero a este libro en particular. - dijo y me mostró el ejemplar de El misterio de Sans-Souci que días atrás había sido objeto de comentarios jocosos y especulativos entre mis amigas y yo por la dedicatoria que contenía.
- Lo siento, hace poco que estoy a cargo del negocio. Mi madre debió recibirlo junto con otros libros. Es lo que suele ocurrir.
El pasó un dedo distraído sobre la portada del libro, lo abrió y luego me mostró la consabida dedicatoria...
- Soy Víctor - dijo él....

(continuará)



lunes, 14 de diciembre de 2015

Diario de una librera (4) ¡Tanto tiempo!

"De nuevo estoy de vuelta, después de larga ausencia..." dice una tradicional canción argentina que crecí escuchando en mi casa, y sí, de nuevo estoy por aquí. Después de conversar con Cecilia, una amante de la lectura que llegó a mi negocio y saber que ella había leído mi blog, sus palabras de aliento me inspiraron a darme una vuelta por aquí, a ver si es posible reanimar un comatoso, es decir un blog desatendido desde abril, ¡desde abril!
Y es justamente llevar adelante el negocio lo que me tiene alejada de la tarea de escribir. Estoy cargando el inventario, atendiendo a la gente, participando en ferias, dando a conocer el negocio en las redes sociales y también, entre eso, viviendo, leyendo, con la mente en miles de cosas, sin poder concentrarme en una historia para escribir, aunque más no sea el relato de mi día a día como librera. Y hay ciertamente tanto que contar, anécdotas que le dan color a estas horas de atención al público. Experiencias que van moldeando los días.
Así por ejemplo conocí a Cecilia, ella ya había venido otras veces o había seguido las actualizaciones de la página del negocio en facebook, o, gran sorpresa, también había leído este blog y le había gustado, por suerte. Leemos casi los mismos libros, lo cual nos da para hablar por horas.
Da gusto conversar con quien comparte esta misma pasión que es la lectura. He conocido a personas que no quieren leer novelas sino sólo obras que retraten fielmente la realidad del mundo en que vivimos, y otros sin embargo gustan de las novelas. Hay quienes prefieren las obras clásicas o buscan algún autor específico, y otros piden que les recomiendes algo para leer. Están las personas que adoran los libros usados y valoran la historia que pueda acarrear el propio libro más allá de su contenido, y también, duele decirlo, está el que entra a tu tienda preguntándote si vendes libros usados con una cara de casi asco como si preguntaran si vendes basura... Perdónalos Dios porque no saben lo que hacen....
Me encanta recomendar libros y después saber que a esa persona le gustó el libro que le sugerí, aunque claro, no siempre doy en el clavo... En materia de gustos no hay nada escrito.
Y así, como ven, no hay tiempo para el aburrimiento en este lugar que para mí es un oasis... Espero volver a escribirles pronto y también quisiera leer sus comentarios, nos vemos, o mejor dicho, nos leemos.
- La librera 

miércoles, 29 de abril de 2015

Diario de una librera (3) A veces la soledad puede ser buena, a veces abruma

Vuelvo a escribir después de mucho tiempo, no por falta de ganas sino porque me he enfocado en otras cosas últimamente, y como siempre, así, mis blogs se ven un tanto abandonados, este en particular. Pero siguiendo con mi relato de las vivencias de mi día a día en este nuevo rol de librera, hoy me quiero enfocar en un sentimiento muchas veces percibido como negativo. Hablo de la soledad.
Encargarme sola del negocio me ha llevado a pasar muchas horas conmigo misma, sin otra compañía. No es algo que siempre sea malo, algunas veces me sirve para leer, o para ocuparme de otras cosas creativas, en fin, si estuviera escribiendo en inglés diría que siempre he sido a kind of a loner, o sea una persona un tanto solitaria, alguien para quien el silencio no es molestoso y  la música tampoco. Cuando uno tiene muchas cosas en que pensar, tanto el silencio absoluto como una buena música pueden ser refrescantes.
En otras ocasiones, sin embargo, la soledad parece un monstruo trepidante que amenaza con quitarte toda esperanza. Me ha ocurrido. Particularmente cuando las responsabilidades de este lugar repleto de libro me abrumaban. Pero fueron tormentas que fui superando, gracias a Dios, y sí, también gracias a la ayuda de quienes, incluso desde la distancia me rodean. Hoy les doy las gracias a esas personas por ayudarme a no rendirme cuando me desesperaba porque no había ventas o porque todo de pronto parecía negro y sin futuro. ¡Gracias!  Es casi seguro que en el futuro enfrentaré otras tormentas, de eso se trata la vida, pero, creo yo, también me siento más fuerte.
Por lo pronto, me despido, quizás en próximas entradas les vaya contando anécdotas más interesantes que esta reflexión apresurada y solitaria, espero contarles de las cosas que hacen que este lugar tenga vida, anécdotas que sólo se puede vivir entre  los libros.
- La librera