sábado, 12 de abril de 2014

Abrupto despertar (La bibliotecaria y el profesor/ En la biblioteca Parte Catorce)

Un estrépito despertó a Lisa de su sueño. Confundida, por un instante no supo donde estaba, pero sólo tuvo que girar para ver al profesor junto a ella, profundamente dormido, incluso roncando, para recordar todo lo que habían vivido la noche y la madrugada anterior. Sonrió al verlo, se veía hermoso, su cuerpo relajado era un verdadero regalo para la vista femenina. A Lisa le hubiera gustado rozar sus dedos por aquella interminable musculatura, pero su mente estaba alerta y sus oídos atentos.Otro ruido inusual en el piso de abajo... Lisa atajó su respiración. ¿Acaso alguien se había colado en la casa? Sacudió al profesor para que se despertara, pero este se pegó más a su cuerpo y con un brazo la sujetó por la cintura murmurando algo aun en sueños...
Los pasos se acercaron y luego la puerta corredera que comunicaba con la habitación se abrió de par en par. Lisa gritó al ver parada ante ellos a una mujer con un enorme cuchillo amenazadoramente levantado en una mano.
- ¡Así los quería encontrar! - dijo la desconocida muy enojada
El profesor se despertó al escuchar el grito de Lisa y de la otra mujer, miró a la joven bibliotecaria con confusión y luego, se despertó por completo al ver a la mujer armada que avanzaba hacia ellos, gritando cosas incoherentes. La expresión del profesor se endureció al instante.
- ¡Lo sabía! - exclamaba ella - ¡Tienes otra, cerdo!¡Me estabas engañando de nuevo!
- ¿Ana, qué haces aquí? - el profesor se levantó del colchón y así, desnudo, fue a enfrentarla  - Ya te dije que no volvieras  a buscarme, lo nuestro terminó hace tiempo.
- No - gritó ella y amenazó al profesor con el enorme cuchillo que traía en la mano
Lisa, asustada no podía hacer otra cosa que mirar la increíble escena. Albert intentó despojar a la intrusa de su enorme cuchillo, pero ella, aunque más menuda que él parecía dueña de una fuerza increíble. Para ser justos, sin esa mirada helada en los ojos y sus marcadas ojeras, Ana era una mujer muy hermosa, alta y esbelta, enormes ojos negros y un largo cabello castaño, ahora todo despeinado. Llevaba puesto un vestido negro, manchado en los bordes con lo que parecía barro, como si se hubiera caído recientemente con ellos, e iba descalza. Lisa se preguntaba de donde había salido y sobre todo, ¿quien era?
Una lucha titánica los enredó a los dos, con el cuchillo en medio de ambos, peligrosamente orientado hacia el pecho del profesor. Lisa, cuyo corazón latía a toda prisa, miró desesperada por toda la habitación buscando algo con qué ayudar Albert, y vio entonces la botella de vino vacía que descansaba junto a la tarima. Sin pensarlo dos veces, la tomó del cuello y en cuanto tuvo un ángulo libre, con todas sus fuerzas asestó con ella un golpe sobre la cabeza de Ana, haciendo que ella se desmayara y la cabeza le sangrara. El profesor la miró con sorpresa y Lisa gritó al ver el cuchillo clavado en el costado del profesor.
-¡Por Dios, Albert, te clavó el cuchillo! - dijo espantada al verlo, él la miraba con ojos oscurecidos - Dime donde estamos y dónde está tu teléfono, necesitamos una ambulancia urgente.
Albert estaba mareado y pálido y Lisa lo sostuvo antes de que se cayera sobre Ana que parecía una muñeca rota desparramada sobre el suelo con la cabeza sangrante.
El blanco suelo del estudio era ahora una mescolanza de rojo y barro que, según parecía provenían de los pies de Ana. Lisa llevó al profesor al colchón y localizó su teléfono móvil.
- ¿Dónde estamos? - le preguntó a Albert y este murmuró una dirección, en cualquier momento iba a desmayarse y Lisa se apresuró a marcar el número de emergencia, quería llorar, gritar, quería preguntarle al profesor tantas cosas pero más que nada rogaba al cielo para que no le pasara nada al hombre que amaba.
- Ella - dijo el profesor - Ella
- Después hablaremos de ella, la ambulancia viene en camino y será mejor que nos pongamos algo de ropa
Como pudo, le puso al profesor la ropa interior y sus jeans y ella, cuyas ropas estaban en el baño, corrió a ponérselas, saltando sobre el cuerpo de Ana, sin animarse a revisar si esta respiraba a o no. Lisa sentía que su corazón iba a estallar de un momento a otro, era como si alguien hubiera lanzado un huracán en su dirección y este le estuviera azotando sin piedad alguna.... ¿Quien demonios era esa chica que ahora estaba allí tirada en el suelo.... quizás muerta?

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