jueves, 10 de abril de 2014

El pintor (La bibliotecaria y el profesor/En la biblioteca Parte Doce)

El profesor la llevó al piso de arriba y le hizo pasar a una gran habitación dónde había un baño.
- Imagino que estarás deseando darte un baño luego de salir de tu trabajo - dijo y le señaló una bata blanca que colgaba de un gancho en la pared - Ponte esto y nada más - indicó, la volvió a besar y dijo que haría una llamada mientras la esperaba.
Una vez sola, Lisa se quitó la ropa y se metió bajo la ducha, sintiendo el agua caer caliente sobre su cuerpo aun más caliente. Se sentía ansiosa y a la vez curiosa por lo que iba a pasar. Cuando se secaba delante del espejo se preguntó si no había ido demasiado lejos con el impulso de dejar que su peluquera le hiciera el depilado brasilero completito... ahora frente al espejo se sentía demasiado expuesta... Se alzó el cabello con una goma y decidió que era hora de ir a buscar al profesor.
Lo encontró hablando por teléfono dentro de un enorme despacho que quedaba a un costado de la escalera. Parada en la puerta y vestida solamente con la salida de baño y los pies descalzos, se detuvo en seco al escuchar, sin querer, el enojo en la voz del profesor.
- ¡Ya te dije que no volvieras a llamarme! - decía Albert muy enojado con quien quiera que estuviera del otro lado de la línea y antes de cortar bruscamente añadió - No tenemos nada más que hablar, habla con mi abogado si lo deseas.
El sonido del teléfono siendo depositado con fuerza sobre su soporte en la mesa, hizo que Lisa diera un respingo y se dispusiera a salir cuanto antes de la vista del profesor, pensaba volver al baño o a la habitación, o alguna parte. Pero al verla el profesor la sujetó del brazo con cierta fuerza, para luego suavizar su agarre y dedicarle una sonrisa de disculpa.
- Lo siento, no quise asustarte. - dijo
- Si estás ocupado, puedo esperar arriba.
- No, olvida esa llamada y ven conmigo. - dijo él y la llevó de regreso al piso de arriba.
Entraron otra vez a la habitación, pero en esta ocasión el profesor abrió una puerta corredera de la que Lisa no se había percatado y por la que ingresaron a otra dependencia en la que destacaba un enorme ventanal que parecía tomar toda una pared. En el lugar había muchas mesitas auxiliares cubiertas de tarros y pomos de pintura además de pinceles,y alli cerca del ventanal y mirando hacia él un caballete con un enorme lienzo en blanco que esperaba las manos del artista para cobrar vida. Y finalmente, frente al caballete, con el ventanal de fondo, Lisa se encontró con un colchón de dos plazas cubierto por sábanas blancas y colocado sobre una tarima mediana. Las luces sobre que alumbraban el colchón parecían los reflectores de un teatro aunque más suaves, sólo lo suficiente para que el pintor tuviera una buena visión de su objetivo, ella.  El corazón se le detuvo.
- Relájate, no tengo intenciones de devorarte, solo voy a pintarte - dijo el profesor sonriendo y abrazándola para luego y sin aviso tomar el cinturón del albornoz y desatarlo, haciendo que la gruesa tela cayera al piso, dejándola desnuda por completo.
 Las fuertes manos de Albert recorrieron sus muslos y sus pechos, haciendo que su piel se erizara expectante. El profesor arqueó una ceja divertido al ver que ella se había depilado totalmente.
- Eres hermosa - murmuró con voz ronca, agachándose entonces para besarla en la cadera, luego se incorporó y tomó a Lisa de la mano - Ven, sube ahí - la ayudó.
Le indicó que se acostara y fue acomodando su cuerpo como si fuera una muñeca, haciendo que expusiera sus pechos y su sexo, no quería que tapara nada, soltó su pelo y lo acomodó también sobre sus hombros. Mientras lo hacía la tocaba sutilmente, produciendo escalofríos a la joven que el parecía no notar. Estaba concentrado en lo que hacía. Pero eso no fue obstáculo para que, cuando estuvo completamente seguro de la postura en la cual quería plasmarla sobre el lienzo, le diera un beso sediento antes de dejarla allí, a la deriva sobre ese colchón.
Antes de ponerse a pintar, el profesor se quitó los zapatos y la camisa, revelando su musculoso torso. La concentración en su mirada lo hacía aun más sexy y Lisa sintió deseos de saltar de la tarima y acortar la distancia que los separaba solo para besar cada centímetro de esos provocativos músculos, pero algo le decía que era mejor quedarse donde estaba, procurando no moverse, haciendo caso a las ordenes de Albert....

((((continuará)))



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