jueves, 10 de abril de 2014

En manos del pintor (La bibliotecaria y el profesor/ En la biblioteca parte Trece.... suma y sigue jaja)

La experiencia del profesor plasmando su cuerpo desnudo sobre un lienzo era lo más erótico que Lisa haya experimentado en su vida.
Los ojos del profesor la devoraban sin piedad, estudiando centímetro a centímetro toda su piel expuesta. El profesor tenía una expresión de suma concentración dibujada en el rostro y no parecía consciente de nada más, pero si en una de esas Lisa movía aunque fuera sutilmente alguna parte de su cuerpo él iba hasta ella y la volvía a poner como estaba, tocándola más de lo necesario, poniendo su piel en carne viva. La había hecho acostarse de costado, con la cabeza levantada y apoyada sobre unas almohadas bien altas. El brazo del lado sobre el cual se recostaba descansaba bajo su cabeza, el otro seguía la línea de sus caderas, lo importante era que nada se ocultara de los ojos del pintor.Sus piernas estaban juntas y relajadas. En algún momento el profesor había ido a encender el estéreo y se podía escuchar el sonido suave y melancólico de un saxo que los envolvía con sensualidad.
- ¿Qué te causa risa?- preguntó el profesor cuando a Lisa se le curvaron los labios para arriba, quería reírse realmente, pero aun no lo había hecho, y sin embargo el profesor lo había adivinado, pendiente como estaba de cada gesto y cada reacción.
- Es que nunca había hecho esto y me da algo de vergüenza.
- ¿Te da vergüenza estar así, estas nerviosa?
- Un poquito
- Supongo que necesitas descansar. - dijo el profesor y soltó el pincel para luego ir junto a ella con una copa de vino que le ofreció y ella aceptó.
El profesor se sentó en la cama muy cerca y la observó mientras bebía la copa que le había pasado. Estaba serio.
- Sabes no deberías tener vergüenza alguna, eres una mujer hermosa en todos los sentidos, no tienes idea del placer que me da observarte así, admirar cada detalle de tu cuerpo, estoy deseando hacerte el amor de mil maneras, de todas las formas que puedas imaginarte y también de las que no... - como para subrayar lo que decía, Albert le quitó la copa de las manos y la atrajo hacia su pecho que parecía de piedra y entonces la besó con rudeza, exigente.
Lisa se sintió  tumbada sobre el colchón y luego el profesor fue hacia ella volviendo a besarla, y besando después cada palmo de su piel, haciendo que ella delirara de deseo. Los dos estaban realmente excitados, Lisa se daba cuenta de ello por la exigencia que el profesor imprimía a sus besos y por la palpitante erección aprisionada entre sus jeans. Pero justo cuando pensó que la iba a poseer, el profesor se detuvo y la acomodó como estaba antes.
- Esa es la expresión que quiero en tu rosto, quiero intentar plasmar en el lienzo esa mirada salvaje de deseo que tienes ahora...
Y fue de regreso instalarse detrás del gran lienzo haciendo que Lisa tuviera deseos de gritar.
Pero Albert no era un tempano de hielo, ni un desalmado sádico, pues, luego de lo que a la joven le parecieron siglos volvió junto a ella y ya no paró de hacerle el amor hasta que los dos se quedaron dormidos, exhaustos y totalmente satisfechos.
Afuera un nuevo día comenzaba, y los amantes no tenían idea de que pronto su paz sería perturbada sin compasión....

(y sí, continuará... uff)



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