miércoles, 23 de abril de 2014

Epilogo en tres actos: III y Ultimo: Luna de miel (La biblotecaria y el Profesor)

Todo estaba resuelto entre la bibliotecaria y el profesor, solo faltaba que unieran sus vidas para siempre y eso fue exactamente lo que hicieron.
La boda de Lisa y Albert se llevó a cabo una tarde de setiembre, en plena Primavera. El lugar elegido para el enlace y la posterior fiesta fue la casa de la familia de Albert, la misma donde Gabriela festejara su cumpleaños junto a la piscina. Fue una tarde soleada y algo calurosa que permitió convertir al amplio jardín junto a la piscina en un excelente escenario para tan especial evento. Había flores y velas por todas partes, incluso velas flotando en forma de flores sobre la tranquila superficie del agua. Para Lisa era como un cuento de hadas donde ella con su largo vestido de novia y su velo de encaje era la protagonista.
Albert, al verla entrar del brazo de su padre por el pasillo que la conducía hacía el improvisado altar cubierto de flores, sonrió ampliamente y su rostro se iluminó.
- ¡Dios mio, estás preciosa! - dijo cuando tomó su mano.
Cuando el padre les dio la bendición, luego de cumplida la ceremonia, los nuevos esposos se besaron y rieron al notar que ambos tenían lágrimas en los ojos. La gente se puso a aplaudir. La fiesta empezó casi enseguida con los novios bailando el vals y luego fueron a cortar el pastel de bodas, cuyos muñecos de porcelana fría fuera de lo común, fueron motivo de conversación entre los invitados. De hecho, había dos tortas y en cada torta, los novios estaban representados de manera distinta y divertida. La música y las risas se mezclaban en un ambiente festivo. Nada faltó.
Pero la verdadera fiesta para los novios fue la noche de bodas, la cual no ocurrió sino hasta que llegaron a su destino para su luna de miel en una isla caribeña bastante desconocida para las guías turísticas internacionales, pero donde les esperaba una cabaña con su propia playa y con todas las comodidades que pudieran necesitar sin necesidad de ir a ningún pueblo u otro lugar de donde surtirse. Fueron diez días donde los recién casados se dedicaron principalmente a amarse.
Cuando entraron a la habitación de la cabaña, donde Albert insistió que lo hicieran cargándola en brazos como correspondía a la tradición, Lisa no pudo esconder su asombro ante la enorme cama que los esperaba con la colcha blanca cubierta de petalos de rosas rojas. Había velas encendidas y afuera se escuchaba el sonido del mar. Albert la bajó en la cama, después de un largo beso.
- Tengo algo para tí - anunció y se perdió de su flamante esposa por unos segundos, solo para reaparecer con un enorme cuadro en las manos. El cuadro, aparentemente un lienzo, estaba cubierto por una tela de donde pendía un gran moño.
- Es tu regalo, amor - le dijo Albert - quitale la tela para que lo veas.
Así lo hizo Lisa y su mandíbula cayó como si fuera un dibujito animado. Ante sus ojos estaba ella retratada por el profesor de una manera sensual y fascinante. Su cuerpo semidesnudo, cubierto apenas sobre las sabanas blancas cubiertas de pétalos de flores, reposaba pudoroso sobre el blanco fondo, se notaba la sugerencia de sus pechos apoyados sobre la cama y ella boca abajo, miraba desde esa posición al pintor con los ojos sonrientes, su pelo suelto también tenía una flor.
- ¿Y? - preguntó Albert ansioso porque ella no había dicho nada - ¿Qué te parece?
- Es hermoso, Albert... Solo que no recuerdo haber posado en esa postura, recuerdo que me hacías mirarte de frente, con todo mi cuerpo expuesto.
Albert sonrió con picardía.
- Si es cierto, ocurre que este pintor no quería compartir todos los secretos de su musa, quiso guardárselos para el solo. - la voz de Albert se había puesto ronca al tiempo que bajaba el enorme lienzo a un costado de la cama y volvía toda su atención a su esposa - Bueno, dejémonos de pinturas, ¿qué te parece si empezamos nuestra luna de miel en forma?
Los hábiles dedos del profesor ya estaban tomando posesión del cierre del vestido, así, a ciegas, sin darle la vuelta. El velo, por supuesto, Lisa ya se lo había quitado, antes de subir al avión que los había llevado a aquella isla.
- Espera - advirtió Lisa, sujetando las manos de  Albert - yo también quiero darte tu regalo de bodas.
- No, eso puedes hacerlo más tarde.
- No, yo quiero dártelo ahora - insistió Lisa y se deshizo del abrazo del profesor para ir a buscar su maleta de mano.
De allí sacó un sobre blanco sin distintivo alguno. Se lo entregó a Albert.
- Ábrelo. - le dijo
- ¿Qué es? - preguntó Albert intrigado y abriendo el misterioso sobre.
Adentro encontró lo que parecía un informe de laboratorio, sus pupilas se agrandaron.
- No sé cómo lo tomarás pero tenías que saber y bueno, no sabía que regalarte...yo...
- ¿Estas embarazada?
- Si, Albert, vamos a ser padres, estoy de tres semanas.
Albert miró la hoja que tenía en sus manos y miró a Lisa sin decir nada y Lisa temió lo peor, una angustia enorme creció dentro de ella como por arte de magia, pero Albert no tardó en disipar sus miedos y fue a abrazarla y besarla.
- ¡Me haces el hombre más feliz del mundo, primero casándote conmigo y ahora dándome esta noticia!
 La besó y besó hasta que los dos se quedaron casi agónicos de la falta de aire. Una nueva vida empezaba para los dos y el amor que los unía no hacía más que florecer...

                                                    - FIN-





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Me gustaría saber tu opinión, gracias por darle vida a este blog dejando aqui tu comentario