jueves, 14 de agosto de 2014

Mi cita con el roquero de los ojos tristones (1era parte)

Su voz de barítono y sus músicas algo melancólicas me habían conquistado desde la primera vez que lo ví actuando en un escenario. Era el vocalista de un poco conocido grupo de roqueros que se hacían llamar "Caballeros del desastre", todos guapos, algunos con tatuajes y él con los ojos azules más magnéticos que haya visto en mi vida. A ratos, mientras cantaba, miraba al público, y aunque era una más de un montón de gente, tenía la extraña sensación de que me miraba sólo a mi.
- ¿Cómo se llama el vocalista? - le pregunté a la amiga que me llevó a su concierto que se  realizaba en una vieja y abandonada fábrica del centro de la ciudad.
- Sus amigos le dicen "Taz", por el demonio de Tasmania, pero creo que se llama Juan.
- Taz. - repetí y me quedé perdida en la siguiente balada que empezó a tocar, algo sobre ángeles caídos seducidos por oscuras pasiones.
 Cuando volví a casa, a la una de la mañana, sus ojos de color azul no me dejaron dormir, y  me puse a investigar en Facebook. Le dí el famoso "me gusta" a su página oficial, que no tenía muchos seguidores, y después busqué por todas partes su perfil privado, cuando lo encontré, le mandé una solicitud de amistad,  no creí que aceptara, pero él lo hizo a los pocos minutos y entonces empezamos a hablar. Me dijo que se llamaba Juan Pablo y que le gustaba escribir canciones.
- ¿Te puedo mandar a tu teléfono una que estoy escribiendo ahora? - me pregunto y yo no dudé en darle mi número.- ¿Te puedo llamar?
- Si.
Su voz, la voz que había cantado y gritado canciones sobre el escenario, sonaba ahora en mis oídos, dulce, varonil, profunda. Me contó de su vida a grandes rasgos y yo de la mía. Me dijo que era el hijo mayor de una madre soltera que tenía siete hijos que alimentar y que todo lo que ganaba en sus conciertos se los daba a ella, a su madre, y tenía un perro llamado Frank, de una raza indefinible, que había  encontrado en la calle. Yo le conté que estaba empezando la facultad.
- ¿Qué quieres ser?
- Me gustan los niños, estoy pensando en estudiar para maestra parvularia.
- Con la voz tan dulce que tienes, los niños te adorarán - dijo Juan Pablo
Cuando nos despedimos, el reloj marcaba las cinco de la mañana y yo tenía apenas un par de horas más para levantarme e ir a mi curso en la universidad. Huelga decir que ese día me quedé dormida en la clase de Castellano.
De todo esto han trascurrido dos semanas. Hemos hablado casi todos los días, y me ha mandado muchas canciones que graba en su teléfono y luego me hace escuchar. Son baladas románticas,  dice, le inspira mi voz.. Me pidió fotos mías y yo se las mandé con la condición de que él hiciera lo mismo, ahora quiere conocerme en persona. Mi primer impulso fue negarme, tenía miedo de lo que fuera a pensar cuando me tuviera en frente. No soy fea, y por suerte, no soy gorda,  aunque tampoco flaca y no soy alta, pero, como toda chica, mis inseguridades abundan...¿Que tal si le resulto demasiado aburrida? ¿Demasiado nerd?... Pero, finalmente dije que sí y aquí estoy parada ante el espejo, probándome la blusa número veinte, después de otras 19 y aun no sé qué ponerme. Mi cabello está más imposible que de costumbre y mi gato se ha robado mi pulsera favorita, sólo espero que no haya tragado ninguna de sus pelotitas de vinilo.Finalmente, me decidí por unos pantalones de jeans y una blusa de color uva, sandalias bajas y mi cabello me lo dejé suelto.
Nos citamos en una heladería.
Cuando llegué, él me esperaba sentado y mirando su teléfono con ansiedad.
- Hola, bonita - dijo, poniéndose de pie al verme llegar - Pensé que no vendrías.
Parado frente a mi, yo le llegaba a los hombros. Era muy alto y delgado, y sus ojos me miraban como dos pozos azules de agua. Su sonrisa era cautivadora. Me besó la mejilla y me guió hacia la mesa en la que estuvo esperándome. Llevaba puesto unos jeans algo gastados y una remera blanca que se ajustaba a su musculatura de una manera un tanto perturbadora. Los músculos bien marcados de sus brazos evidenciaban que gastaba su tiempo libre en el gimnasio.
- ¿Me esperaste mucho? - le pregunté
- No, solo dos horas - dijo y me guiñó un ojo - Lo importante es que ya estás aquí y al fin te conozco en persona. Eres hermosa, Sofia. - agregó, retirando la silla para que yo me sentara - y hueles como una flor.
Yo no pude evitar reírme ante sus arranques de caballero romántico.
- Creí que eras roquero, pero al parecer eres más romántico que otra cosa.
- El que toque en una banda de rock no evita que tenga mi corazoncito, y sabes, los roqueros somos los hombres más románticos que existen.... ¿Te puedo invitar un helado?
Sonreí y asentí. Juan Pablo me escoltó, llevándome de la mano hasta donde estaba el mostrador con los distintos gustos de helado. Yo me sentía como la protagonista de una novela romántica, de esas que tanto me gustan leer.
- ¿Qué sabor quieres? - dijo él.
Y justo cuando iba a abrir la boca para elegir uno de los sabores, fuimos interrumpidos por una mujer vestida con una minifalda de color plateado y unos tacones de vértigo. Su cabellera rubia ondeaba como una bandera agitada por el viento, el exceso de maquillaje la hacía ver vieja, aunque supuse que no tendría más de veinte y tantos, igual que yo. Ella se interpuso entre los dos y se agarró del brazo de Juan Pablo, dejándome a mi a un lado.
- Juan Pablo, Pablito, ¿Dónde te habías metido, amor de mi vida? - dijo ella, acaparándolo.
- ¿Marcia, qué haces aquí? - preguntó él con el ceño fruncido.
Yo, sintiéndome incómoda, me hice a un lado y los dejé hablando. Salí de la heladería y volví a mi coche. ¿Acaso era la novia de Juan Pablo? Él había dicho que no tenía novia, pero al decir verdad, ¿acaso lo conocía?... No pude evitar llorar de camino a casa, me sentía engañada, aun cuando sólo nos conocíamos por Internet y nos sólo nos habíamos visto unos minutos, pero aun así, me sentía mal.
Mi teléfono empezó a sonar....

(continuará)


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