viernes, 15 de agosto de 2014

Mi cita con el roquero de los ojos tristones (segunda parte)

El teléfono sonaba sin parar. Lo apagué luego de una hora de rechazar e ignorar llamadas, mientras me hundía en mi cama, sintiéndome una tonta. Me había dejado mensajes preguntando por qué me fui así, sin despedirme, ¿qué pasó? y yo simplemente no me sentía con ganas de hablar. Hundí mi cabeza bajo la almohada y lloré hasta que el sueño finalmente me ganó.
- ¿Sofia, estás enferma? - la voz de mi madre al otro lado de la puerta estaba llena de preocupación - Vas a llegar tarde a tu clase, otra vez.
Le dije que ya me levantaba, me metí al baño, me duché y me puse lo primero que encontré, sin siquiera mirarme al espejo. Debía parecer un fantasma. El rostro preocupado de mis compañeras de clase, me dijo que mis ojeras se notaban a la legua, pero, por suerte, nadie preguntó qué me pasaba. En la clase de álgebra, una de mis favoritas, me equivoqué en todas las ecuaciones, no podía concentrarme en nada.
- Alguien te busca - me dijo una amiga cuando salía de una clase a otra.
Me di la vuelta a mirar y ahí estaba él. El estómago se me torció por dentro. ¿Cómo me había encontrado y qué quería? Era lo que pensaba mientras me acercaba a mi inevitable encuentro con él, se había parado justo frente a la única salida.
- Juan Pablo - fue todo lo que pude articular.
- Sofia - dijo y se acercó despacio - ¿Podemos hablar?
- ¿Qué quieres?
- Que hables conmigo y me digas por qué te fuiste así, ni siquiera me dejaste invitarte un helado. ¿Qué pasó?
La gente que pasaba a nuestro lado nos miraba con curiosidad y yo no tuve más remedio que empujarlo hacia afuera, donde nos cobijamos bajo la sombra de un viejo árbol.
- ¿Qué pasó? - repitió Juan Pablo cuando volvimos a estar frente a frente.
Lo miré con cara de cómo no te das cuenta y él bajó los hombros en señal de derrota.
- ¿Es por Marcia?
- Me dijiste que no tenías novia y apareció ella, no quiero nada que ver con tus novias o tus groupies, no me interesa.
- Marcia es una vieja amiga, entre nosotros nunca existió nada, debes creerme.
- ¿Creerte? ¿Por qué lo haría? Al decir verdad, apenas te conozco y sólo sé de tí lo que me quieres contar.
- Y todo lo que te dije es verdad - él hizo un gesto de aproximarse y sujetar mi brazo, pero yo retrocedí y su mano cayó en el aire - Sofia, me gustas, por favor, dame la oportunidad de demostrarte que puedo hacerte feliz, no me dejes así, al primer obstáculo.
Lo miré, sus enormes ojos azules me suplicaban que le creyera y yo me rendí. No lo conocía bien, pero por otro lado, sentía que en ese momento era sincero, o así quería creerlo. Los músicos suelen tener un batallón de mujeres persiguiéndolos, y Juan Pablo, siendo atractivo como era, no sería una excepción. Y, debo confesar que aun no quería rendirme, a mi también me gustaba y mucho. No estaba segura de hacer lo correcto, más aun cuando con sólo verlo asaltado por esa tal Marcia me afectó de una manera imposible, pero acepté darle otra oportunidad.
- Me debes un helado - musité y su rostro se iluminó con una sonrisa - Pero creo que debemos cambiar de heladería.
- Si, está bien, buscaremos alguna que tú prefieras, eres quien manda - dijo, todo galante - ¿Te busco esta noche de tu casa?
- Eh, no sabes dónde vivo.
- Si, lo sé, es que cuando no me contestaste las llamadas tuve que mover cielo y tierra para rastrearte, es una suerte que vivamos en una ciudad donde todo el mundo se conoce, un amigo me dijo dónde estudiabas y él conocía a la amiga con la que fuiste al concierto de esa primera noche que hablamos, ella me contó donde vivías.
- Que mala amiga - dije, sin poder evitar sonreír.
- Si, por suerte para mí, tiene la lengua muy suelta.
Se acercó unos pasos hacia mí luego de un breve silencio y estiró una mano hacia mí, en esa ocasión, la acepté. Levantó mi mano hacia sus labios y me besó los nudillos, dándome las gracias en un susurro por darle otra oportunidad, luego me miró a los ojos muy serio.
- Haré lo posible porque no te arrepientas de darme otra oportunidad - dijo y se acercó más, agachando la cabeza, pensé que iba a besarme en los labios, pero en cambio me besó la frente y aspiró mi perfume - Hueles a primavera... Te buscaré esta noche a las ocho, será nuestra primera cita.

(continuará)


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Me gustaría saber tu opinión, gracias por darle vida a este blog dejando aqui tu comentario