lunes, 4 de enero de 2016

Un Agatha Christie con dedicatoria (3era Parte) (Relatos de una librera)

Pasaron los días, la rutina del negocio se apoderó de mí y casi olvidé a Víctor y Magdalena, pero por fortuna el hombre regresó, le ofrecí un te frío y siguió contándome su historia desde el punto donde había quedado.
- Sabiendo su nombre y dónde vivía, no me costó averiguar sobre ella -comenzó diciendo Víctor - Supe que tenía quince años y que su padre no la dejaba salir con extraños. Incluso supe a qué colegio iba y la espié por un buen tiempo. Yo en ese entonces trabajaba como ordenanza de un abogado y cuando él me mandaba a hacer algún encargo, inevitablemente pasaba por su colegio y me quedaba un buen rato, especialmente si la hora de salida estaba por cumplirse. También iba a espiarla a su casa, aunque ahí me cuidaba de que su padre no me viera, me daba miedo, lo admito... Pero seguía esperando a verla
Se rió con ganas.
- Eso me valió el reproche de mi jefe y estuve a punto de perder mi trabajo porque de pronto mi centro era ella, quería volver a verla y por supuesto me olvidé de todo lo demás. Suena cursi y hasta estúpido.
Yo sonreí también.
- Al contrario, suena muy romántico.
- Resumiendo, la ví un par de veces saliendo de la escuela, pero ella no me vio. Debo decirlo, me sentía como un ladrón al acecho. Tuvieron que pasar al menos dos meses antes de que por fin me decidiera a dirigirle la palabra. Tuve la suerte de que nuestro mundo es tan pequeño que ella resultó ser la hermana de un amigo de mi primo y cuando este festejó su cumpleaños, ella también estaba invitada. La conmoción de volver a verla casi hace que no le salude cuando nos cruzamos entre la gente. Ella, hermosa, con su cabello suelto y los ojos muy verdes, me sonrió:
- Hola Víctor - dijo.
Yo me quedé de una pieza..
- Sabes mi nombre - tartamudee´
- Si, me contó un pajarito - su sonrisa era como un sol, traía en la mano un vaso vacío y ahí mis neuronas por fin empezaron a funcionar - ¿Te sirvo un poco de refresco? - pregunté, estaba tan feliz, al parecer ella también había hecho averiguaciones acerca de mí.
Ella asintió y luego de servir para ambos sendos vasos de refresco, nos sentamos en una esquina del patio donde se llevaba a cabo el cumpleaños. Nos quedamos en silencio, sonriendo, mirando a nuestro al rededor hasta que logré romper el hielo con la pregunta más tonta de todas, le pregunté si le gustaba leer
- Si - dijo ella y volvimos  a quedar en silencio.
- ¿Te gusta leer poemas de amor? - pregunté después, mi cerebro funcionaba a leña
Ella me miró extrañada y yo le recordé el libro que llevaba en la mano cuando chocamos frente al almacén. Ella se rió, su risa era como el cantar de un ave, fresca como una cascada.
- Ese libro lo estaba leyendo porque tenía que hacer una tarea para mi clase de literatura. Al decir verdad prefiero las novelas de misterio. ¿Alguna vez le leíste a Agatha Christie?
- No, ¿quien es?
- ¿ No sabes quien es Agatha Christie? - preguntó ella, casi horrorizada - Es la escritora de novelas de misterio más conocida y famosa que existe, es inglesa, era, ya murió, creo. En fin, sus historias son absolutamente alucinantes. Deberías leer sus novelas, son cortas.
- Me gustaría que tú me la leyeras. - murmuré
- Eso sería divertido - dijo ella sonriendo
Una mujer de unos cincuenta años se acercó a nosotros, tenía unos enormes anteojos como los que se usaban entonces, con forma de luna. Me recordaba a alguien, pero no sabría decir a quien. Me miró con cara de pocos amigos y luego apremió a Magdalena para retirarse de la fiesta. Ella nos presentó, era su tía Guillermina, hermana de su padre. Era a él, sin los bigotes, por supuesto, a quien me recordaba.
- Tengo que irme - dijo, sonrojándose
- ¿Te volveré a ver? - pregunté y por unos segundos no me importó la mirada acusadora de la vieja de anteojos.
Ella sacó de su vestido un papelito, y no sé de donde consiguió un bolígrafo. Escribió algo rápidamente en él y me lo dio. La tía obviamente vio todo aquello pero no hizo nada al respecto, y yo me despedí de ambas con una inclinación de cabeza. Esperanzado abrí el papelito doblado que me dío Magdalena y leí: "El pan sale siempre a las 7 de la mañana y a las 3 de la tarde"- No decía nada más y yo me quedé desconcertado, ¿qué quería decir? Pronto comprendí que se refería a la hora en que el pan recién horneado estaba listo en la despensa donde nos cruzamos. Fue su astuta manera de decirme que sí, que esperaba verme ahí.
- continuará.

2 comentarios:

  1. Que bonito!!!.. Se me ha hecho corta jajja.. Sigue. Que sabes que aquí la estoy leyendo!!.

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