miércoles, 3 de febrero de 2016

Un Agatha Christie con dedicatoria (cuarta parte) (Historias de la librera)

-Al día siguiente, - siguió contando el señor Víctor, mientras yo lo escuchaba con sumo interés - fui al almacén a primera hora de la mañana y esperé pacientemente a que el pan se horneara. Don Alfredo, el almacenero me miraba con suspicacia, yo pedía refresco tras refresco. A las siete en punto el pan estuvo listo pero Magdalena no apareció. Quien sí se presentó fue su tía.
- Lo sospeché - dijo al verme - Joven, no sé cuales son sus intenciones con mi sobrina, pero sepa usted que ella es aun una niña de quince años, así que le sugiero que mantenga distancia
- No tengo malas intenciones, señora - dije y estaba indignado.
- Señorita - corrigió ella pero yo no le hice caso, me caía amarga,pesada, mal, aunque debo reconocer que sólo cumplía su papel.- Mantenga sus garras lejos de ella que es una niña de bien - siguió diciendo y yo sentí que perdía toda esperanza
Ella dio media vuelta, se puso a elegir unas manzanas que estaban en el mostrador mientras saludaba al dueño de la despensa y le preguntaba por la salud de su señora. Yo estaba mudo y atornillado al piso sin saber qué hacer o decir. Me sentía humillado y a la vez entendía que la mujer sólo estaba cuidando de su sobrina. Quizás debía rendirme, estaba visto que pese a que Madgalena no me era indiferente, su edad y su familia eran obstáculos que yo no podría salvar para siquiera volver a acercarme a ella a decirle hola. Pero no me quería rendir así como así, no podía dejar de pensar en ella, su sonrisa, su mirada se habían vuelto en mi razón de ser pese a las pocas veces que la había visto y a que prácticamente no sabía nada de ella. Y justo entonces, no sé ni como, la tía de Madgalena que estudiaba las manzanas como si fuera a hacerles una autopsia levantó su mirada hacia a mí y sonrió. Bajó el tono de voz para que el despensero no la oyera, aunque el otro tuviera oídos biónicos y con una sonrisa dijo:
- No lo conozco pero la verdad es que mi sobrina no deja de sonreír como una tonta desde que lo vió en la fiesta. Me cae bien así que haremos lo siguiente, El doctor me ha dicho que debo hacer caminatas así que le pediré a ella que me acompañe por las tardes en el parque que está aquí cerca... Quizás pueda usted tropezarse con nosotras todos los días...
De más está decir que la abracé y la besé en la mejilla y ella casi pierde el equilibrio de la sorpresa. El despensero a nuestras espaldas, se reía divertido. Fue así como Magdalena y yo empezamos a vernos bajo la ferrea vigilancia de su tía que tosía si yo me acercaba mucho a ella. Tuvimos que aprovechar un desliz de la misma para darnos nuestro primer beso... Fueron los tres meses más hermosos de mi vida - que me perdone mi difunta esposa, a la que también amé, pero nada se compara con el primer amor
- ¿Tres meses? - pregunté - ¿Y qué pasó después?
- Su padre que al parecer estaba metido en política fue cordialmente invitado a abandonar el país y así que Madgalena y su tía debían marcharse con él. Fue entonces que me regaló el libro de Agatha Christie, el que vino a parar en tu negocio... Nunca más supe de ella.
- ¿Nunca la buscó?
- Si, la busqué, pero como no me dejó una dirección, no pude seguírle el rastro. Ignoro si sigue viviendo fuera del país o si alguna vez volvió.
Fue entonces cuando se me ocurrió escribir la historia de los dos y difundirla por las redes sociales. Le dije que quizás alguien pudiera ayudarnos así a encontrar a Madgalena... Pero el resultado de esa pesquisa será el tema  a tratar en una próxima entrega... Nos vemos

2 comentarios:

  1. Siempre me dejas en la mejor parte!!!!.... Sigue... Besos. Saluditos...

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    1. es la idea, jeje, apenas pueda retomo, tarde o temprano, gracias por leer

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